sábado, 17 de febrero de 2018

El libro del sendero

Lao Tse. El libro del sendero y de la línea recta.

XLVII

Sin salir de casa, se puede conocer lo humano.
Sin mirar por la ventana, se puede ver.
           Quien mira mucho, sabrá poco.
Conforme con esto,
            El Perfecto, sin caminar, alcanza,
                 sin observar, sabe,
                      sin querer, realiza.


Traducción de Edmundo Montagne

El libro del sendero y de la línea recta
Lao Tse

viernes, 16 de febrero de 2018

La sensación de gozo

Patricia Highsmitt en su casa de Locarno, Suiza, 1987. Foto: Ulf Andersen. Getty Images.

Termino este libro con la sensación de que me he olvidado de algo, de algo de vital importancia. Así es. Es la individualidad, es el gozo de escribir, que en realidad no puede describirse, no puede captarse con palabras y transmitirse a otra persona para que lo comparta o utilice. Es el extraño poder que tiene el trabajo de transformar una habitación, cualquier habitación, en algo muy especial para un escritor que ha trabajado en ella, y que en ella ha sudado y maldecido y tal vez conocido unos pocos minutos de triunfo y satisfacción. Conservo en la memoria muchas habitaciones así: una diminuta en Ambach, cerca de Munich, con el techo tan bajo que no podía permanecer de pie en un extremo, habitación que había sido el cuarto de la doncella, en una posada; una habitación gélida y con goteras en una pequeña ciudad de la costa de Inglaterra, habitación cuyas grietas yo solía tapar tan desesperadamente como si me encontrase en un buque a punto de naufragar; una habitación en Florencia con una estufa de leña que estaba empeñada en no quemar nada; una habitación en Roma cuyo interior, cuando pienso en él, evoca el recuerdo de mucho trabajo y un gran desbarajuste curiosamente combinados. Debido a la naturaleza solitaria del oficio de escribir, estos recuerdos y emociones tan vivos no pueden compartirse con nadie.

Traducción de Jordi Beltrán

«Suspense». Cómo se escribe una novela de intriga (1966)
Patricia Highsmitt

martes, 13 de febrero de 2018

Sobre la índole del hombre

E. Sylvester. Sobre la índole del hombre.

Trato e influencia

Tres cosas aprenderás del niño:
Está alegre sin necesidad de acicate. No permanece ocioso ni por un instante. Y sabe reclamar con energía lo que le hace falta.
De las Palabras del Gran Maggid
(Judío siglo XVIII d. C.)

Hombre y mujer

Al decir de ciertos sabios antiguos, la simpatía entre los sexos es tan fuerte que aun en el caso de que en la Tierra no hubiera sino un solo hombre y una sola mujer —ella en el Occidente y él en el Oriente— los dos, sin embargo, se encontrarían y se hallarían por obra de la fuerza natural de atracción.
Máxima persa

Traducción de Alfredo Cahn

Sobre la índole del hombre
Erich Sylvester

sábado, 10 de febrero de 2018

Voces

Antonio Porchia retratado por Libero Badíi.

Cuando digo lo que digo es porque me ha vencido lo que digo.

Cómo me hice no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago.

Mi yo ha ido alejándose de mí. Hoy es mi más lejano tú.

No estoy de más en ninguna parte, porque no me encuentro en ninguna parte.

Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.

Donde no eres nada, quédate contigo, y eres todo.

Voces (1956)
Antonio Porchia

viernes, 9 de febrero de 2018

Por los viejos caminos

Knut Hamsun. Por los viejos caminos.

Saludo a los niños que encuentro. Algunos chicos deben haber oído que soy sordo y se divierten acercándoseme y gritándome en el oído no sé qué. Saludo también a las personas mayores, cuando tengo la impresión de que lo esperan; pero si se muestran desabridas y me vuelven la cara, paso indiferente por su lado. Pero me gusta saludar, lo reconozco; me gusta demasiado. Lo aprendí en mi niñez, me decían que saludar era de bien educado y aún conservo esa costumbre.
Hallándome de viaje en Praga, una soleada mañana iba en busca de un estanco. Cuando llegué a su puerta me encontré con que en el interior había un fraile al que la señora, situada detrás del mostrador, alargaba una moneda. Él le dio las gracias y se dispuso a salir. La escena resultaba tan extraña para un nórdico que inmediatamente añadí a la primera moneda una segunda. Al fraile se le veía conmovido; quiso decir algo y levantó sus manos. Olvidé que había entrado para algo, y, sin comprar nada, salí a la calle. Luego me paseé por la ciudad pletórico de cariño hacia el mundo y sus hombres, y saludé a todos los que encontraba; y los hombre me devolvían la sonrisa y saludaban a su vez. Nadie me detuvo; todo era bello. No sé lo que pensaba la gente ni lo que pensaba la calle; tal vez pensaban que había madrugado mucho puesto que ya salía de la taberna a aquella hora. ¡Qué me importa! Yo soy el que soy, y Praga es una ciudad magnífica.

Traducción de Montserrat Costa

Por los viejos caminos
Knut Hamsun (1859-1952)

miércoles, 7 de febrero de 2018

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro. Prosas apátridas.

Dentro de nosotros hay como una oficina meteorológica que emite cada mañana su parte sentimental: estaremos contentos, sufriremos, cólera al mediodía, etc. Y hacia esa previsión avanzamos temerosos o confiados. Oficina falaz, tan volandera como la que profetiza el clima: la tarde de la que esperábamos tanto júbilo se cubre de pronto de una insoportable tristeza. Pero también cómo alumbra esa noche auguralmente lúgubre la sonrisa de la desconocida.

Un editor francés, comprobando que ha decaído la venta de los clásicos, decide lanzar una nueva colección, pero en la cual los prólogos no serán encomendados a eruditos desconocidos sino a estrellas de la actualidad. Así Brigitte Bardot hará el prefacio de Baudelaire, el ciclista Raymond Poulidor el de Proust y el actor Jean Paul Belmondo, que antes fue boxeador, el de Rimbaud. Belmondo empieza su preámbulo con estas palabras: "Cada vez que leo un poema de Rimbaud siento como un puñetazo en la quijada". Venta asegurada.

Embajadores que han perdido su cargo caminan por la calle con un aire de picapedreros, ministros destituidos parecen la foto amarillenta de su antigua efigie. Hay hombre así que, abandonado el puesto, recaen en la insignificancia. Ello se debe que no tenían otra manera de ser que su función.

Prosas apátridas (1975)
Julio Ramón Ribeyro

martes, 6 de febrero de 2018

Membretes

Oliverio Girondo. Membretes.

No hay crítico comparable al cajón de nuestro escritorio.

Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor.

Delatemos un onanismo más: el de izar la bandera cada cinco minutos.

¡La opinión que se tendrá de nosotros cuando sólo quede de nosotros lo que perdura de la vieja China o del viejo Egipto!

Todas las razones que tendríamos para querer a Velázquez, si la única razón del amor no consistiera en no tener ninguna.

Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir.

Membretes
Oliverio Girondo (1891-1967)

lunes, 5 de febrero de 2018

Sobre la lectura

Los relatos más bellos del mundo.

Lector: procura tener siempre a mano una buena colección de cuentos, y después de tu jornada habitual, pasadas las hora en que el mundo ha sido para ti profesión, familia y país, entrégate a la aventura de realizarte a ti mismo en una tierra exótica, en una época remota, en el esclarecimiento de un crimen o en un relato de ciencia-ficción, Vive durante unos minutos del cuento, aunque esto parezca ser poco recomendable a los ojos de las personas laboriosas y serias; esos hombres a los que suelen llamar "realistas", quienes nunca han pensado en serio y laboriosamente acerca de la realidad. Hazlo así, y yo te aseguro que luego volverás a tu mundo —a tu profesión, a tu familia, a tu país— más nuevo y animoso, más joven; si me permites decirlo con la solemnidad y la ironía de los que saben usar el haz y el envés de las palabras: más eterno.

Prólogo a Los relatos más bellos del mundo (1969)
Pedro Laín Entralgo

sábado, 3 de febrero de 2018

Servicio de correos

Orlando Van Bredam en el patio de su casa. Foto de Palabra abierta.

Mi natural desconfianza del servicio de correos me llevó a probar la eficacia del sistema. Me envié cartas a mí mismo para saber si llegaban a tiempo. Nada más particular que la cara del cartero cuando descubría que el destinatario y el remitente eran la misma persona.
En una oportunidad, el texto me resultaba extraño. Supuse que se trataba de una broma de los empleados o de mi vieja costumbre de pensar una cosa y escribir absolutamente lo contrario. 
Lo cierto es que nada me proporcionaba más placer que recibir mis propias cartas. Eso tenía sus ventajas; en primer lugar, nunca había sorpresas desagradables; en segundo lugar, eran líneas sinceras, nunca trataba de engañarme con adulaciones hipócritas, y tercero: en caso de que la carta se extraviara del correo a mi casa, no importaba, ya sabía de qué se trataba.

La armas que carga el diablo (1996)
Orlando Van Bredam

viernes, 2 de febrero de 2018

La parada del mensajero

Papiro de Oxirrinco que muestra un frgmento de Heráclito. Ilustración de la Wikipedia.

Si hubiera nieve, quedaría un rastro mío
aquí, donde por un momento me apoyo en el muro del almiar...
Hace calor y verdea, hasta las mujeres están maquilladas de malaquita,
el centeno se vuelve lechoso, las nubes grávidas
y el estanque las refleja como morfina bajo la piel...

El papiro de Oxyrhinco es demasiado joven
comparado con la edad que yo represento... ¿Será otra vez la guerra?

Qué silenciosamente bebe el caballo...

Traducción de Josef Forbelsky

Una noche con Hamlet. Otros poemas.
Vladimir Holan

miércoles, 31 de enero de 2018

Gran festín en casa de Sosibios

Konstantino Kavafis. 65 poemas recuperados.


Tarde maravillosa, encantadora.
El remero acaricia delicadamente

las dulces aguas de Alejandría.
Necesitaba tanto este descanso: arduo es mi trabajo.

A veces conviene mirar el mundo con inocencia, generosamente.
Pero la tarde, ay, fatalmente muere. Mirad, ya terminé mi vino,

no queda ni una gota en mi botella.
Es hora de volver, ay, a ocuparme de mis cosas.

Esta casa maravillosa (por tal la tiene el eminente
Sosibios y su buena esposa) invita a una eterna fiesta.

Y hay que volver a nuestras intrigas,
volver de nuevo a la estúpida y aburrida política.
(Junio de 1917)
Traducción de José María Álvarez

65 poemas recuperados
Konstantino Kavafis


martes, 30 de enero de 2018

El rey David

Pedro Américo. David y Abisag, 1879.

El rey David era ya viejo y estaba lastimado por los años. Lo cubrían con mantas y no entraba en calor. Entonces dijeron sus siervos: «Traigan a mi señor el rey una muchacha virgen que lo atienda y lo abrigue y duerma a su lado y le dé calor». Tras buscar por todo Israel a la más hermosa, hallaron a Abisag, la Sunamita. Abisag fue llevada ante David. Y la joven era muy bella y le daba al rey el calor de su juventud. Pero David ya no fue capaz de entrar en su cuerpo.
Libro Primero de los Reyes 1, 1-4

...
Cómo es posible, mi niña,
que no te diga nada la palabra Goliat
y no sepas de mis hazañas.

El silencio de la luna
José Emilio Pacheco

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas:

Luis de Góngora. Sonetos completos.

Cosas, Celalba mía, he visto extrañas:
cascarse nubes, desbocarse vientos,
altas torres besar sus fundamentos,
y vomitar la tierra sus entrañas;
duras puentes romper, cual tiernas cañas,
arroyos prodigiosos, ríos violentos,
mal vadeados de los pensamientos,
y enfrenados peor de las montañas;
los días de Noé, gentes subidas
en los más altos pinos levantados,
en las robustas hayas más crecidas.
Pastores, perros, chozas y ganados
sobre las aguas vi, sin forma y vidas,
y nada temí más que mis cuidados.
(1596)
Sonetos completos
Luis de Góngora

domingo, 28 de enero de 2018

Agradecimiento celestial

Juan Pedro Aparicio, retratado por J. Carralero.

EN EL CIELO hay una mesa a la que se sientan los criminales que habiendo sido ejecutados salvaron su alma mediante la gracia de una última confesión. Sus jueces y verdugos, no obstante el agradecimiento eterno de los ejecutados por habérsela permitido, evitan a toda costa compartir mesa con ellos.

La mitad del diablo (2006)
Juan Pedro Aparicio

viernes, 26 de enero de 2018

Las visitadoras

Martín Gardella. Instantáneas.

Descubrí que las muñecas de mi hermana cobran vida en la madrugada. Abandonan con delicadeza la casita en miniatura de la habitación contigua y entran en la mía, semidesnudas, para colarse en el cajón de mis muñecos articulados. Hago silencio para no molestarlos y, con los ojos cerrados, escucho el sonido del plástico retorciéndose, galopante contra la caja de madera. Media hora más tarde, se retiran sonrientes y despeinadas, con su flexible cuerpo agotado y la misión cumplida.
El episodio se repite indefectiblemente noche tras noche, aunque hoy, promete ser diferente. Asomado a la puerta de mi cuarto, el alegre rostro plástico de la muñeca gigante que le obsequié a mi hermana por su cumpleaños, observa el grueso candado que coloqué en el cajón de los juguetes, y me guiña un ojo. Todos duermen, excepto nosotros.

Instantáneas (2010)
Martín Gardella

miércoles, 24 de enero de 2018

Los profesores

Nicanor Parra. Los profesores.

Primera condición
de toda obra maestra
pasar inadvertida.

Los profesores (1971)
Nicanor Parra

domingo, 21 de enero de 2018

La Montaña Análoga

René Daumal. La Montaña Análoga.

Nota del encargado de la edición

1
Cuando hayas descendido tres veces y luego ascendido por los corredores terminados en un pico (que no se ven más que en el último momentos), las piernas te temblarán de arriba a abajo y los dientes te castañetearán, entonces alcanza alguna pequeña plataforma en la que puedas detenerte sin peligro: y trata de recordar todos los insultos que conozcas y lánzaselos a la montaña, y escúpela, insúltala de todas las formas posibles, bebe un trago, come un bocado y sigue trepando, tranquila y lentamente, como si tuvieras toda la vida por delante para salir de ese mal paso. Por la noche, antes de dormirte, cuando lo recuerdes, te darás cuenta de que se trataba de una comedia: no era a la montaña a la que hablabas, no es a la montaña a la que venciste. La montaña no es sino roca o hielo sin oídos y sin corazón. Pero es posible que esta comedia te haya salvado la vida.
Por otra parte, en los momentos difíciles te sorprenderás, a menudo, hablando a la montaña, a veces halagándola, otras insultándola, a ratos prometiendo y otras amenazando; y tendrás la sensación de que, si la hablaste como era necesario, la montaña responde, dulcificándose, sometiéndose. No te menosprecies por ello, no sientas vergüenza de comportarte como esos hombres que nuestros sabios llaman primitivos o animistas. Lo único que has de saber, cuando después pienses en esos momentos, es que tu diálogo con la naturaleza no era sino la imagen (fuera de ti) de un diálogo que se desarrolla dentro.

Traducción de Carmen Santos

La Montaña Análoga
René Daumal

viernes, 19 de enero de 2018

La mejor bicicleta

Daniel Pollera. La bicicleta.

Un joven solía salir con sus amigos a pasear por el campo en bicicleta. Amaba la tierra fragante, el verde de las praderas, el esplendente color de las flores. Un día se dijo: «¡Mejoraré mi bicicleta para poder viajar por el mundo entero!». Trabajó sin descanso agregándole ruedas poderosas, mecanismos nuevos. Aumentó su ambición: «¡Será la mejor del mundo!». Le dio grandes motores, faros de kilométricos alcances, defensas puntiagudas. Lo que había sido una simple bicicleta era ahora un vehículo más grande que una casa. El joven, envejecido por el continuo esfuerzo, comenzó a cubrir su carruaje con placas de oro. «¡Estos adornos no son útiles, pero provocarán envidia!».
Una mañana de primavera llegaron sus amigos a buscarlo.
—¡Ven a pasear por el campo! ¡Respiremos aire puro!
En la oscuridad de su taller, en medio de los gases de la gasolina, pegado al dorado monumento que había perdido la facultad de desplazarse, el anciano les respondió:
—¡No puedo ir! ¡Tengo que cuidar mi valiosa bicicleta! —llenó la casa de trampas, alarmas, cañones. Desde una ventana enrejada observó las alegras cabriolas de los ciclistas. Exclamó con odio—: ¡Como no tienen nada, algún día van a tratar de robarme la bicicleta! ¡Será mejor que los destruya ahora mismo con mis cañones!

El tesoro de la sombra (2003)
Alejandro Jodorowsky

miércoles, 17 de enero de 2018

Diario de la galera

Imre Kertész visto por Loredano.

¿Dónde se encuentra aquella extraordinaria historia sobre el lord y su criado? Preguntan al joven lord, que vive lejos del mundanal ruido, por qué no se implica en la vida. La pregunta estremece al lord: ¿qué es la vida? Pues la sociedad, los campeonatos, los amigos, casarse, fundar una familia, le responden. Vaya —contesta el lord—, si la vida es eso, mi criado se ocupa de ella.

El factor desconocido más horripilante: yo mismo.

Tengo deberes y tareas. Entre mis tareas está el tener deberes.

Chernóbil: aquí está la muerte, no pierdas el tiempo en menudencias.

Traducción de Adan Kovacsics

Diario de la galera
Imre Kertész

martes, 16 de enero de 2018

Los cuatro libros clásicos

Confucio. Los cuatro libros clásicos.

Capítulo III

1. En el Libro de las Canciones se lee:

Al pueblo le agrada situar su morada
no más lejos de mil li del palacio imperial.

2. Se lee también en el Libro de las Canciones:

El mien-man, pájaro amarillo de melancólico cantar,
estable su morada en la frondosa profundidad de los bosques.

El Maestro (Confucio o Kung-tsé) comentaba así estos versos:
Este pájaro, estableciendo allí su morada, demuestra que conoce cuál es su propio destino. El hombre, el más inteligente de todos los seres, ¿será más ignorante que este pájaro?

Traducción de Oriol Fina Sanglas

Los cuatro Libros Clásicos
Confucio (551-479 a. C.)

lunes, 15 de enero de 2018

Sentencias Vaticanas

Agostino Scilla. Retrato de Epicuro.

19. Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día.

52. La amistad recorre el mundo entero proclamando a todos nosotros que despertemos ya a la felicidad.

59. Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita.

65. Es estúpido pedir a los dioses las cosas que uno no es capaz de procurarse a sí mismo.

68. Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

71. Ante cualquier deseo debemos formularnos la siguiente cuestión: ¿qué me sucederá si se cumple el objeto de mi deseo, y qué si no se cumple?

Traducción de José Vara

Obras completas
Epicuro (341-270 a. C)

domingo, 14 de enero de 2018

El diccionario del diablo

Ambrose Bierce. El diccionario del diablo.

Idiota, s. Miembro de una tribu grande y poderosa cuya influencia en los asuntos humanos siempre ha sido inmensa y prominente. La actividad del idiota no se restringe a un campo específico del pensamiento o la acción sino que «impregna y regula la totalidad». Tiene la última palabra en todo; su decisión es inapelable. Impone las modas en el gusto y la opinión; dicta los límites de lo que se puede decir y circunscribe las conductas con un tope infranqueable.

Idólatra, s. Que profesa una religión en la que nosotros no creemos, con un simbolismo distinto. Persona para la que importa más una imagen en un pedestal que en una moneda.

Ignorante, s. Persona que no está familiarizada con ciertos tipos de conocimiento que usted sí posee, pero que posee otros de los que usted no tiene la menor idea.

Traducción de Vicente Campos González

El diccionario del diablo (1911)
Ambrose Bierce

miércoles, 10 de enero de 2018

Epigramas

Carlos Díaz Dufoo Hijo. Epigramas.

Cuando se convenció de que había tocado un puerto seguro, al abrigo de los vientos de la fortuna, pidió prestada una teoría social, moderada y rotunda, y compró un respetable sistema religioso que resolvía, sin sobresaltos, todos los problemas.

Acomodarse es, a un tiempo, triunfar y perecer.

Epitafio

Extranjero, yo no tuve un nombre glorioso. Mis abuelos no combatieron en Troya. Quizá en los demos rústicos del Ática, durante los festivales dionisiacos, vendieron a los viñadores lámparas de pico corto, negras y brillantes, y pintados con las heces del vino siguieron alegres la procesión de Eleuterio, hijo de Semele. Mi voz no resonó en la asamblea para señalar los destinos de la república, ni en los symposia para crear mundos nuevos y sutiles. Mis acciones fueron oscuras y mis palabras insignificantes. Imítame, huye de Mnemosina, enemiga de los hombres, y mientras la hoja cae vivirás la vida de los dioses.

Epigramas (1927)
Carlos Díaz Dufoo Hijo 

domingo, 7 de enero de 2018

Rubaiyat

Omar Kheyyam. Rubaiyat.

78
Goza con la bebida, los perfumes, la música,
los mancebos esbeltos cual cipreses; y goza
también de las mujeres. Aunque fueras la fuente
del Zem-Zem, el destino te llevará a la Nada.

78 ...la fuente — del Zem-zem: nombre que se dio al manantial que Dios hizo brotar en el desierto para que mitigasen su sed la esclava Agar y su hijo Ismael, abandonados en él por el patriarca hebreo Abraham. En el edén musulmán, las almas escogidas beben en una fuente del mismo nombre, cuyas aguas dan la vida eterna.

Traducción del árabe y notas de José Giber
Puestos en verso castellano por Diego Navarro

Rubaiyat
Omar Kheyyam

Canción de los arqueros de Shu

Ezra Pound. Cathay.

Henos aquí, arrancando los primeros brotes de los helechos
y diciéndonos: ¿Cuándo volveremos a la patria?
Henos aquí porque el Ken-nin es nuestro enemigo,
no tenemos reposo con estos mongoles.
Acabamos con los tiernos brotes de los helechos
y cuando alguien menciona el retorno, los demás se llenan de tristeza.
Pesadumbre, tristeza infinita, estamos hambrientos y sedientos.
Nuestras defensas son muy débiles, nadie permitiría el regreso del amigo.
Codiciamos los viejos tallos de los helechos.
Nos preguntamos: ¿Volveremos en Octubre?
Son muy arduos los asuntos reales, no tenemos sosiego.
Es amarga nuestra pena pero no querríamos regresar a la patria.
¿Qué flor ha reventado sus capullos?
¿De quién esta carroza? Del General.
Hasta sus caballos están fatigados. Eran robustos.
No tenemos descanso, tres batallas por mes.
Oh dioses, sus caballos están fatigados.
Los generales los cabalgan y los soldados van tras ellos.
Los caballos están adiestrados, los generales ostentan flechas de marfil y aljabas
ornadas con piel de pescado.
Raudo es el enemigo, debemos ser precavidos.
Cuando partimos los sauces estaban grávidos de primavera.
Regresamos en la nieve,
marchamos lentamente, hambrientos y sedientos,
apesadumbrados, ¿quién sabrá de nuestra pena?

Traducción de Ricardo Silva-Santisteban

Cathay (1915)
Ezra Pound

miércoles, 3 de enero de 2018

Novela de ajedrez

Mikica Mitrovic. Los jugadores de ajedrez.

Al cabo de tres días empezó a fastidiarme realmente que sus tácticas de evasión fuesen más hábiles que mi voluntad de abordarlo. Nunca en mi vida había tenido la oportunidad de conocer personalmente a un campeón de ajedrez, y ahora, cuanto más me esforzaba por plasmar tal tipo de personaje, más inverosímil se me antojaba una actividad mental que durante una vida entera no hiciera otra cosa que girar en torno a un espacio de sesenta y cuatro casillas blancas y negras. Conocía desde luego, por propia experiencia, el misterioso poder de atracción del «juego de reyes», de ese juego entre los juegos, el único entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental. ¿Pero no es ya el solo hecho de tildarlo de juego una degradación insultante? ¿No es acaso también una ciencia, un arte que gravita entre estas diferentes categorías como entre el cielo y la tierra el ataúd de Mahoma? ¿No es por azar un vínculo único entre todos los pares de contrarios; antiquísimo y sin embargo siempre nuevo; mecánico en su disposición y sin embargo eficaz tan sólo por obra de la fantasía; limitado a un espacio rígidamente geométrico y a un tiempo ilimitado en sus combinaciones; en perpetuo desarrollo y sin embargo estéril: un pensamiento que no lleva a nada, una matemática que nada calcula, un arte sin obras, una arquitectura sin sustancia, y aún así más manifiestamente perenne en su esencia y existencia que todos los libros y obras de arte, el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu. ¿Dónde empieza, dónde acaba?

Traducción de Manuel Lobo

Novela de ajedrez (1941)
Stefan Zweig

domingo, 31 de diciembre de 2017

Horizontes perdidos

James Hilton. Horizontes perdidos.

Capítulo V

Una sección que le interesó singularmente, estaba dedicada a Tibetiana, si se me permite la expresión, descubriendo entre aquellos libros algunos notabilísimos, como por ejemplo, el Novo descubrimento do grao catayo ou dos regos de Tibet, de Antonio de Andrada (Lisboa, 1626); La China, de Atanasius Kircher (Amberes, 1667); Voyage a la Chine des péres Grueber et D'Orville, de Thevenet; y Relazione inedita di un viaggio al Tibet, de Beligatti.
Examinaba atentamente este último, cuando observó los ojos de Chang fijos en él con suave curiosidad.
—¿Es usted literato, tal vez? —preguntó.
Conway no supo qué responder. Su período de estudios en Oxford le prepararon para responder afirmativamente, pero sabía que aquella palabra, aunque le habría atraído la consideración del chino, no habría sonado más que como una petulancia de su parte a los oídos de sus compañeros.
Respondió pues:
—Me gusta mucho leer, desde luego, pero el ejercicio de mi profesión no me ha permitido, durante estos últimos años, dedicarme por entero a mis aficiones literarias.
—¿Y le gustaría satisfacerlas?
—No sé qué responderle... Desde luego, sí que me gustaría...
Mallinson, que acababa de coger un libro, le interrumpió, diciendo:
—Aquí tiene algo para empezar su vida de estudios, Conway. Un mapa de esta región.
—Poseemos una colección de varios cientos de ellos —dijo el chino—. Están a su entera disposición, pero creo conveniente advertirles algo que les evitará un sinnúmero de molestias, aunque sé que los desilusionará... No encontrará Shangri-La en ninguno de ellos.
—Es curioso —respondió Conway—. ¿Y a qué se debe esa omisión?
—Hay excelentes razones para ello; pero lamento no poder decírselas. 
Conway sonrió, pero Mallinson dirigió a Chang una mirada rencorosa.
—Más misterios —dijo con acento airado—, y hasta ahora no hemos visto nada que valga la pena de ocultar.
De pronto, la señorita Brinklow se recobró de su estupor mudo.
—¿No nos va a enseñar a los lamas en su trabajos? —inquirió en un tono que habría atemorizado a más de un londinense.
Indudablemente, tenía la imaginación saturada de confusas visiones de artesanía indígena..., alfombras ondulantes en que hacían sus rezos, o cualquier otra cosa pintorescamente primitiva de las que pudiera hablar cuando volviese a casa.
Poseía un arte especial para no dejarse sorprender por nada, adoptando al mismo tiempo una actitud despótica cada vez que se dignaba dirigir la palabra al oriental.
Pero notóse en sus ojos una expresión de indignación cuando Chang le respondió:
—Lamento tener que decirle que es imposible, señora. Los lamas no salen nunca, o, mejor dicho, sólo en raras ocasiones, de sus celdas.
—Tendremos que pasarnos sin ellos —declaró Barnard—. ¡Qué lástima...! No puede usted figurarse lo que habría dado por estrechar la mano de su padre prior.
Chang acogió la declaración con benigna seriedad.
La señorita Brinklow, empero, no se amilanó por el poco éxito de su primera pregunta y prosiguió:
—¿Qué es lo que hacen los lamas?
—Se dedican, señora, a la contemplación y a la adquisición de sabiduría.
—Pero eso es no hacer nada.
—Pues entonces, señora, no hacen nada.

Traducción de H. C. Granch

Horizontes perdidos (1933)
James Hilton

sábado, 30 de diciembre de 2017

Cultura genuina

Bertrand Russell retratado por Roger Fry en 1923.

La cultura genuina consiste en ser ciudadano del universo, no solo de uno o dos fragmentos arbitrarios de espacio y tiempo; ayuda a los hombres a comprender la sociedad humana en general, a estimar precisamente los fines que las comunidades deben perseguir, y a ver el presente en su relación con el pasado y el futuro. La cultura genuina es, por lo tanto, de gran valor, a los que van a gobernar, para los cuales es, al menos, tan útil como una información detallada. El modo de hacer útiles a los hombres es hacerles sabios y una parte esencial de la sabiduría es una mente amplia.

Traducción de Josefina Martínez Alinari

Diccionario del hombre contemporáneo
Bertrand Russell (1872-1970)

viernes, 29 de diciembre de 2017

El viaje

Ilustración de Fernando Sáenz Pedrosa.

Alguna noche, cuando el tren paraba
en un dormido pueblo cuyo nombre
se ignora, y una ráfaga
de viento helado con sabor a humo
remontaba el cristal a medias abatido,
sentí ignorar de pronto
desde dónde partí y a dónde iba.
Solamente una luz triste, un ladrido
lejano, algunas casas
oscuras, eran mundo: mi lugar de estar solo.
Inútilmente quise
reconstruir el día anterior (faltaban
todos los datos, toda la documentación). Inútilmente
quise ver mi destino en el billete
(un cartón sin palabras), con antiguas monedas
pagado (encontré algunas tan gastadas del uso
que era imposible averiguar la fecha
y el país). Mi país era aquel pueblo,
mi tierra muerta y sola de ayer y de mañana.
Llegaría la aurora,
y en un pobre local enjuagaría vasos
alguien con sueño aún. El tren estaba quieto
para siempre, cuadradas
las ruedas, frío el centro de la fuerza que tuvo
hasta allí; si es que no era
otra casa de adobe de aquel pueblo
triste.
De pronto, fuera
algo retrocedió, sonaba un grito
de hierro, y había árboles (apenas sensitivos)
que quedaban atrás, o duras piedras
fugándose. Y un serio funcionario
entró donde yo estaba, exigiendo la prueba
de mi conformidad con el viaje.
Le dije: ¿A dónde vamos? ¿Y de dónde venimos?
No quiso responderme.

Glosa (1982)
Alfonso Canales

jueves, 28 de diciembre de 2017

La letra e

Augusto Monterroso. La letra e.

Postergaciones
El verdadero escritor no deja nunca de escribir; cuando deja de hacerlo dice que lo pospone. En estas posposiciones puede pasársele la vida.

Historia fantástica
Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.

Exposición al ambiente
No te muestres mucho ni permitas demasiadas familiaridades: de tanto conocerte la gente termina por no saber quién eres.

Transparencias
—En todo lo que escribo oculto más de lo que revelo.
—Eso crees.

La letra e (1987)
Augusto Monterroso

domingo, 24 de diciembre de 2017

Nadie es profeta en su tierra

José María Iribarren. El porqué de los dichos.

Dicho que hace referencia a la dificultad de que alguien triunfe en su lugar de nacimiento o residencia.
Es sentencia que dijo Jesucristo, estando explicando la ley en la sinagoga de Nazaret, pueblo de Galilea, en el que se había criado, al ver que sus compatriotas, lejos de aprovecharse de la ocasión que el Señor les ofrecía, le despreciaban, ya por creerle hijo de un pobre artesano, ya porque no había hecho sino muy pocos milagros en Nazaret, cuya ingratitud conocía.
Así aparece en el Evangelio de San Mateo (13, 57) y en el de San Juan (4, 44).
Es probable que Cristo hubiese utilizado un proverbio hebreo antiguo.
San Juan, en el pasaje citado, dice que «el mismo Jesús dio prueba de que el profeta en su tierra no tiene honra», es decir, que no es comprendido ni ensalzado por sus paisanos.
El dicho se repite hoy en francés y en inglés: Nul n'est prophéte dans son pays. A prophet is not without honour save in his own country, frase esta última que es copia textual de las palabras de San Mateo.
Los árabes dicen: El sabio es en su patria como el oro oculto en la mina.

El porqué de los dichos (1955)
José María Iribarren (1906-1971)

sábado, 23 de diciembre de 2017

Las muchedumbres

Charles Baudelaire. Pequeños poemas en prosa.

No todos pueden tomar un baño de multitud. Gozar de la muchedumbre es un arte, y aquélla sólo puede ofrecer, a expensas del género humano, una francachela de vitalidad, al que un hada le haya imbuído en la cuna la afición al disfraz y a la máscara, el odio al domicilio y la pasión del viaje. Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no acierte a poblar su soledad no sabrá tampoco permanecer a solas en medio de afanada muchedumbre.
El poeta goza de este incomparable privilegio, y puede, a su manera, ser él mismo y otro. Como esas almas errantes que buscan un cuerpo, el poeta se infiltra, cuando quiere, en esta o la otra persona.
Sólo para él está todo vacante. Y si algunos sitios le están, al parecer, vedados, es que, a sus ojos, no valen la pena de que los visite.
El solitario y meditabundo paseante experimenta una extraña embriaguez con esta universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedumbre, conoce febriles placeres que le estarán eternamente prohibidos al egoísta, cerrado como un cofre, y al perezoso, oculto como un molusco. Adopta como suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que las circunstancias le ofrecen.
Eso que los hombres llaman amar es cosa muy pequeña, restringida y endeble por demás, si se compara a esta inefable orgía, a esta sagrada prostitución del alma, que por completo se entrega —poesía y caridad— a lo imprevisto que surge, a lo desconocido que pasa.
Es bueno, algunas veces, enseñar a los dichosos de este mundo —siquiera sea para humillar un momento su necio orgullo— que existen placeres más amplios y refinados, placeres superiores a los suyos.
Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los padres misioneros desterrados en los confines del mundo, conocen, sin duda y en parte, estas misteriosas embriagueces, y en el seno de la amplia familia que se han forjado con su genio, deben reír, tal cual vez, de aquellos que les compadecen por la recia agitación de su destino y la excesiva castidad de su existencia,

Traducción de Compañía Ibero-Americana de Publicaciones

Pequeños poemas en prosa
Charles Baudelaire

viernes, 22 de diciembre de 2017

El pozo sin fondo

G. K. Chesterton. El hombre que sabía demasiado.

—Temo no estar muy versado en leyendas árabes —dijo Boyle algo picado.
—Es una lástima —repuso Fisher —, especialmente desde el punto de vista de usted. El mismo Lord Hastings es una leyenda árabe. Tal vez sea esto lo verdaderamente importante en él. Si su reputación se desvaneciera, esto nos debilitaría en toda el Asia y el África. Bien; la historia acerca de este agujero en el suelo, que llega hasta nadie sabe dónde, siempre me ha fascinado un poco. Es mahometana por la forma; pero no me extrañaría que fuese más antigua que Mahoma. Se refiere a un sultán llamado Aladino; no nuestro amigo de la lámpara, por supuesto, pero un poco parecido a él en lo de tener que ver con genios y gigantes y cosas por el estilo. Dicen que ordenó a los gigantes que le construyeran una especie de pagoda que se elevara y se elevara por encima de las estrellas. Lo más alto posible, como decía la gente que construía la torre de Babel. Pero los que erigieron la torre de Babel eran gente modesta y casera, una especie de ratoncillos, si se les compara con el viejo Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo, una pura bagatela. Él quería una torre que pasara del cielo, que se elevara por encima de él y continuara creciendo siempre. Y Alá le abatió con un rayo, que penetró en la tierra, abriendo un agujero cada vez más profundo, hasta que hizo un pozo que no tiene, como la torre no debía tener, remate. Y, por aquella torre invertida de tinieblas, el alma del orgullosos sultán está cayendo sin cesar.

Traducción de R. Berenguer

El hombre que sabía demasiado (1922)
G. K. Chesterton

jueves, 21 de diciembre de 2017

Un caso común

Santiago Sylvester. Escenarios.

Qué puedo decir de este hombre que ocupa mi lugar,
conquista los litorales
o me expulsa hacia ellos
mientras despliega un esplendor ficticio.

Escribe un poema completamente falso,
opina sin meditación
sobre cosas que ignora,
desea a una mujer que yo no amo
y se asoma a la ventana con esta ansiedad inaceptable
que yo quisiera esconder en un cajón.

Ninguno cree en el otro;
sin embargo, unidos por el cigarrillo,
por la misma camisa
y una forma común de estar en desacuerdo,
entramos juntos a la escena
y corremos los dos contra reloj.

Escenarios (1993)
Santiago Sylvester

lunes, 18 de diciembre de 2017

Piedras

Roger Caillois. Piedras.

Mitología

Piedras de China

En el fondo del valle del río I Ngan se alzan algunas piedras que recuerdan por su forma a las piedras que sobrevuelan las montañas. La gente del lugar las reacomoda ligeramente y las coloca en la entrada de los templos. Son naturalmente notables, extraordinarias.

La piedra yng che se yergue elegante y bella en los escarpes de la montaña Ling-nan, a pesar de no haber sufrido la acción del cincel o del dolobre. Tiene un sonido metálico. Se emplea como ornamento. Esta piedra es una maravilla. Grande. es rara. 

Al oeste de la prefectura de K'i, a setenta li del distrito de Long, existe una gruta llamada la caverna de los dragones o de los peces. Allí se encuentra una piedra que a veces es grande, otras veces pequeña. Si alguien la rompe y examina su interior, percibe las figuras de dragones y de peces.
Quienes pasan ante la caverna evitan hablar de ella. Escuchan ruidos lejanos de truenos y de huracanes. Se detienen, presas del terror. No todo el mundo escucha estos ruidos.

En la Isla del Medio existe una piedra que tiene hijos. En pleno ciclo Wen lou, un hombre recogió la piedra, que por aquel entonces era pequeña. La dejó en una esquina. Al cabo de ochenta años había crecido mucho y había dado a luz a un millar de piedras pequeñas: su descendencia.

Traducción de Daniel Gutiérrez Martínez

Piedras (1966)
Roger Caillois

domingo, 17 de diciembre de 2017

El arte de tirar

Antonio Capel. El desván.

Las cosas que debéis tirar en primer lugar –por lo general, las más fáciles– son las que no usáis. Seleccionadlas, elegid de entre ellas las que sois claramente capaces de tirar y hacedlo sin vacilar.
Se sigue conservando una cosa, aunque de hecho no se use, porque se cree que un día u otro se presentará la ocasión de utilizarla, ¿no es cierto? Lógicamente, entre diez o veinte objetos, es posible que tarde o temprano os entren ganas de usar uno de ellos. Tenéis dos opciones: seguir conservando los veinte, en nombre de ese único objeto que tal vez decidáis usar una única vez en el transcurso de varios años; o tirarlos todos y cuando se presente esa única vez en que os haga falta el objeto en cuestión, volver a comprarlo o pedirlo prestado. ¿Cuál de esas dos opciones os parece una aptitud más racional?
Empeñarse en conservar las cosas solo porque «algún día pueden resultar útiles», aumenta el ruido de fondo de la mente y no os aporta más que desorden e inquietud. No vale la pena correr el riesgo de apegarse a un objeto durante diez años por la posibilidad remota de poder usarlo otros diez años después.
Tiradlo. Y si diez años más tarde lo necesitáis de verdad, volver a comprarlo será mucho menos dañino para vuestra salud mental.

Traducción de Montse Triviño González

Felices sin un ferrari (2009)
Ryunosuke Koike

sábado, 16 de diciembre de 2017

Testamento literario

Johannes Rosierse. Muchacha.

La vocación

La poesía es una hermosa que sólo se entrega a los discretos. Aquello que se escribe para sí mismo suele ser lo mejor. Un joven poeta francés del siglo pasado, llamado Mauricio Guerin, nacido y criado en una aldea, corrió a París con ansias de gloria, escribió poemas, contrajo amistades famosas, frecuentó los círculos literarios. Su hermana Eugenia permaneció en su rincón campestre y sin pretensión alguna apuntó con lápiz en un cuaderno los menudos acontecimientos del día, un paseo por el campo, la visita del párroco, la merienda de unos niños, la muerte de un pájaro; vertió en aquellas hojas secretas las emociones de su alma inocente. Los versos del poeta hace ya largo tiempo que yacen enterrados, si es que alguna vez han vivido. El diario de la humilde lugareña, reimpreso muchas veces, traducido a todos los idiomas, corre todavía por el mundo leído y admirado.

Testamento literario (1929)
Armando Palacio Valdés

viernes, 15 de diciembre de 2017

Estar al loro

José Luis García Remiro. Estar al loro.

El chocolate del loro

«Eso es suprimir el chocolate del loro», decimos para referirnos a cosas de poco valor o importancia, cuyo ahorro apenas influye en la marcha de una economía, cuando, para solucionar una situación ruinosa, se decide ahorrar una partida cuyo gasto es mínimo. Se cuenta, como origen de esta expresión, de un matrimonio de burgueses en decadencia, cuyos ingresos ya no alcanzaban a cubrir los lujos que se habían impuesto en ese «quiero y no puedo» para mantener su estatus, que después de largas deliberaciones sobre qué gastos deberían suprimir para no terminar arruinándose, decidieron suprimir... el chocolate del loro.

Tirar de la manta

Con esta frase se amenaza con descubrir cosas que pueden perjudicar a más de uno. Para rastrear su origen, no hace falta recurrir a personajes ilustres que la hayan utilizado. Se trata simplemente de una elemental metáfora formada sobre el hecho de que, entre gente pobre que tiene cosas que ocultar, si uno tira de la manta hacia un lado de la cama, el otro queda al descubierto con todas sus miserias.

Estar al loro (2005)
José Luis García Remiro